martes, 10 de marzo de 2009

Día del Médico

Hoy se celebra el día del médico en Venezuela , a pesar de que en el calendario el 3 de diciembre sea el día internacional del médico por conmemorar el nacimiento del Dr. Carlos J. Finlay (1853-1915 médico cubano que descubrió el agente transmisor de la fiebre amarilla). En Venezuela se celebra hoy 10 de marzo como un homenaje al Dr. José María Vargas (1786-1854) quien fue un gran médico cirujano, científico, humanista, filósofo, catedrático, rector de la Universidad de Caracas y Presidente de Venezuela (1835-1836). Padre de la medicina en Venezuela, luchador y un gran ejemplo por su afán de investigación y cuidado de los enfermos.

Es por ello que no quiero dejar pasar este día por alto sin hacer una mención especial a todos los médicos por la labor tan maravillosa que tienen en sus manos, son los mejores aleados de Dios, al convertirse en instrumentos perfectos en el trabajo de dar y salvar vida de personas, curar heridas, sanar a los enfermos, cuidar y acompañar en medio del dolor.

Son auténticos faros en medio de la oscuridad. Bancos en quienes depositamos con los ojos cerrados toda nuestra confianza. Luchadores incansables en la tarea de encontrar la verdad que ayude a regalar bienestar a los otros. Maestros de la salud y compañeros en la enfermedad. Los animo a seguir en esa magnífica tarea y les deseo de todo corazón que cada día sea como el primero, lleno del mismo entusiasmo e ilusión, que cada paciente sea como el único y lo puedan tratar como si tuvieran en sus manos a la persona que más quieren y puedan sentir su sufrimiento en la piel, con la distancia suficiente para ponerse en sus zapatos y desde ahí les puedan ayudar con la mayor conciencia y objetividad para sanar sus heridas y regalarles entusiasmo, envuelto en optimismo y muchas ganas de vivir. Recordando que son solo instrumentos de amor del Gran Médico que opera desde arriba y les acompaña con su bendición.
¡Muchas felicidades! En primer lugar a mi mamá y mi papá –médicos los dos-, mi tía Migdalia, tío Rafael, primo Rafael Darío, a todos los doctores amigos con los que siempre he tenido una relación muy estrecha en Caracas y un saludo muy especial para todos mis médicos de España que me han tratado con tanto cariño y que gracias a ellos mi rehabilitación va cada día mejor.
A todos los médicos del mundo, para que no olviden que tienen en el mundo una misión muy especial.
Un abrazo muy fuerte, todo mi orgullo y admiración.

viernes, 6 de marzo de 2009

Una historia de amor

Se conocieron en un aeropuerto, ella iba a visitar a su familia y él a un campeonato de pesca. Me cuenta con mucho entusiasmo que desde el momento que se sentó frente a ella el corazón no paraba de saltarle como si algo le dijera “es él”, la persona con la que has soñado y llevas tantos años buscando. Hay personas que nunca se encuentran y a quienes les toca decir adiós sin haber sentido nunca lo que es el amor.

Tuvo una extraña sensación cuando se cruzaron las miradas, no sabía quién era, como se llamaba ni de dónde venía y al mismo tiempo sentía como si le conociera de toda la vida. “No sé cómo se puede sentir tanto en tan poco tiempo, pero fue muy bonito experimentarlo”.

Llegó el momento de entrar en el avión ella con cierto nerviosismo, inquieta porque igual ya no volvería a coincidir con ese niño de “la mirada tierna”. La azafata le acompaña a su puesto –el cual intentó cambiar en varias ocasiones porque no le gustaba y eran muchas horas de vuelo, pero no lo pudo conseguir estaba sentada en el puesto que menos le gustaba del avión-. De pronto sube la mirada y la misma azafata guiaba a su compañero de asiento, no se lo podía creer, pero era él. En un avión donde entraban 600 personas justo era él su compañero de asiento. Daba gracias en silencio por no haber podido cambiar su puest. Era sin lugar a duda una coincidencia que se convertía en una gran oportunidad.

Los nervios a flor de piel, no sabía qué decir, cómo moverse, a dónde mirar y de pronto de la manera más sencilla empezó la conversación, cada uno de un país diferente y afortunadamente con un lengua en común para poder comunicarse. Era un hombre encantador, de esos que “ya no quedan”, respetuoso, con buen sentido del humor y profundo en sus planteamientos. Siete horas de avión que dieron para hablar de muchos temas, se había formado una burbuja entre ellos y ella con el deseo de parar el tiempo –preguntándose qué estaría sintiendo él-. Todo muy mágico. Mucha sincronicidad y ella completamente sorprendida de que realmente existiera “la chispa” o “esos gusanillos del estomago” de los que tanto había oído hablar a la gente y ella nunca había podido experimentar.

Llegaron al país y él sin dejar que pasara más tiempo y con cierta timidez en su tono de voz le pidió el teléfono. Ella se sonrojo –se sentía un poco tonta por no poder controlar lo que estaba sintiendo- pero no lo dudó ni un momento y le dio su teléfono. Luego hizo el intento de racionalizar todo lo que había pasado y quitarle importancia, pero no podía y no sabía por qué. Ella que era una mujer acostumbrada a dirigir, manejar finanzas y controlar todo en su vida, se sentía como una adolescente desconcertada y revisando el móvil 2 minutos el móvil por si le entraba algún mensaje de él. Se preocupó aún más cuando se vio llamando a su propio móvil para comprobar que realmente funcionara bien y que podría oírlo sin problema en caso que sonara. Como si no recordara que recibe una infinidad de llamadas de sus clientes.

Después de algunos días la llamada llegó, finalmente era él para saludarla y ver cómo iba todo, ella deseando que la invitara a quedar para tomar un café o hacer algún plan juntos. Se hizo realidad el deseo. La invitó a la final del campeonato de pesca y ella fue con una amiga. Un día increíble, de esos que son difíciles de olvidar. Él encantador, estuvo a punto de ganar, no lo logró, pero igual se sentía campeón por todas las sonrisas que logró sacarle a ella de la cara. Era su mejor premio. Se estaba tejiendo una historia de amor muy bonita y de la nada.

Ella se sentía que respiraba mejor que nunca, el corazón le palpitaba con más fuerza, tenía ganas de vestirse, arreglarse y sentirse bella. Pero sus pensamientos negativos no la abandonaban, de vez en cuando la atormentaban “seguro que algo malo tiene”, “no te deberías confiar tan rápido”, “no puede ser que todo vaya tan bien, por algún se estropeará la historia”. Se aferraba a la oración con todas sus fuerzas y le pedía a Dios que la ayudara, que si no era para ella por favor se lo quitaran del camino y que si era le diera una señal y mucha paz para su corazón. Tenía miedo porque hace menos de un año se había visto muy cerca de caer en una depresión profunda, había perdido el interés por todo, muy sensible y a veces irritable, iba a trabajar porque no le quedaba otra y no tenía a su familia cerca, pero evitaba cualquier tipo de relación, no quería involucrarse más de la cuenta. Lo suyo era los números, las finanzas y nada más. Los fines de semana los recibía y los despedía con el mismo pijama, en el mismo sofá y con varios paquetes de galletas vacíos en el suelo.

Ahora derepente –como por arte de magia todo empezaba a sonreírle-. O quizás así lo veía ella, yo creo que aprendió a quererse, a cuidarse y mirar todo lo bueno que tenía y todo lo bueno que había a su alrededor para ella. Si esto no hubiera pasado antes, estoy convencida que esos “ojos tiernos” se abrían quedado en el aire.

Él supo ganarse su confianza, no tenía ni idea de lo duro que había sido su vida antes, pero estaba dispuesto apostar y a luchar por su amor. Su sentido del humor era único, ella no recordaba haberse reído tanto. Después de haber tomado tantos antidepresivos nunca se hubiera podido imaginar que el estar enamorada le podía producir esa sensación de bienestar tan grande, incomparable con cualquier otra que hubiera experimentado antes. O igual tampoco había tenido interés por experimentarlo. La clave es que estaba abierta para recibir los regalos que Dios le estaba enviando, si no lo hubiera estado habrían llegado a su vida sin que ella se hubiera dado cuenta.

Empezó a dar gracias minuto a minuto, porque después de cada instante se sentía mejor. Estaba descubriendo un lado maravilloso de la vida, de su ser y él había logrado que todos sus talentos salieran a flote. Es la magia del amor, de ese amor bonito, que espera paciente y es respetuoso, alegre y sencillo, que se da con generosidad y produce una paz inmensa al caminar de la mano, que saca lo mejor de ti y tú lo mejor de él, que subir una montaña no cuesta tanto porque el amor te da fuerzas para soportarlo y más, hay ganas de reír, de soñar y sobretodo de vivir.
Esta historia está abierta y yo solo puedo desearles a ellos dos (que existen en algún lugar de América) la mayor de las felicidades.

Doy gracias a Dios por todas las personas que como ella han logrado encontrar su amor, curar las heridas y seguir adelante luchando y entregándole lo mejor a la vida. Escribiendo juntos una bonita historia de amor.

P.d. Un regalo para ti...
http://www.youtube.com/watch?v=FSea1YPxK1c

miércoles, 4 de marzo de 2009

¡Qué buena película, Slumdog Millionarie!

Tenía tiempo sin salir del cine sintiendo que había visto una gran película. Algo diferente, de esas que te movilizan por dentro y te hacen pensar.

Sencilla, sin grandes pretensiones y a la vez con una profundidad que embarga a cualquiera. Es el drama de la miseria humana, la pobreza, la niñez abandonada, el mal que busca aliados en la calle y al mismo tiempo, de una manera magnífica, la lucha por sobrevivir, la ternura de los niños, el humor pícaro lleno de inocencia, la complicidad entre hermanos, la magia de la India y el gran protagonista: el amor.

Hay escenas francamente conmovedoras, me viene a la mente una muy especial cuando uno de los niños –Jamal- le entrega todo el dinero que había conseguido a otro de los niño de la calle al ver que tenía menos posibilidades que él. Una muestra muy bonita de generosidad.

Mientras veía la película en varias de las escenas me recordé de mi país, de todos los “ranchitos” que rodean a Caracas, de los niños abandonados que andan por la calle en brazos de la delincuencia y que injustamente se aprovecha de ellos. Cuando se vive en un país con tantas diferencias sociales es inevitable no hacerse la pregunta de ¿por qué ellos no y yo sí? Si la vida me ha premiado con grandes oportunidades creo que no puedo y no debería permanecer inmune a lo que pasa a mi alrededor. El ser una privilegiada me coloca en deuda con los que no lo son. No nos podemos tapar los ojos con una venda ¿no es así?. –Es la parábola de los talentos, que se multiplican y tienen su razón de ser cuando se ponen al servicio de otros-. Algo hay que hacer, ¿no?.

Este es parte del efecto de la película que te hace darle vueltas a muchos temas, de una manera emocionante y divertida. No quiero desvelar mucho para quienes aún no la hayan visto. Solo quiero añadir –para terminar- que otro de los puntos interesantes es el de si existe un destino en el que todo está escrito y qué pasa con la buena suerte. El protagonista es un buen ejemplo de cómo la buena suerte se busca, se encuentra y se gana con la lucha diaria, constante y perseverante, con el deseo de hacer el bien sin perder nunca la esperanza y creyendo sobretodo en el amor, como el más grande de los regalos.

Me alegra que se hayan llevado los 8 premios oscar. Ojalá y esto anime a muchos directores a seguir por esta línea.

Un abrazo gigante. Los quiero mucho.

viernes, 27 de febrero de 2009

Olor a incienso


El otro día me dijeron que mi blog “huele a incienso” porque en casi todos los post hago referencia a Dios, curas, iglesia, amigas consagradas, misas, etc. Es verdad, no lo niego y sé que no es muy marketiniano, que Dios no está de moda y que es la escusa perfecta para no volver a visitar el blog. Entiendo que a muchos les pueda sonar aburrido y un rollo a estas alturas del siglo XXI. No los juzgo y los respeto. No pretendo transformar a nadie. Solo quiero compartir desde este pequeño rincón los milagros escondidos y palabras de esperanza, vida y amor que puedan ayudar a otros a caminar con más fuerza y entusiasmo por la vida. Y perdónenme porque no sé hablar de todo esto sin mencionar a Dios.

Sara de Jesús decía que la fe no se puede enseñar, que no es algo que se aprenda, por eso le dio tantas vueltas a su conferencia sobre la resurrección para introducir en ella su propia experiencia vital ante “Cristo resucitado”. La fe es un don, “el mejor regalo” –como decían mis monjitas del colegio- que cultivaron en nosotros ese amor hacia Jesucristo, como el mejor amigo. No sé si suena un poco cursi lo que estoy diciendo, soy consciente que no domino las palabras que tienen enganche publicitario.
Hablando de publicidad, en estos días -dentro de mi tiempo de reposo-, viendo más la TV, es impresionante darse cuenta de cómo engancha y venden las noticias mientras tengan más morbo, luego nos impacta cuando vemos que una niña de 14 años es asesinada por su novio o que un niño de 13 años se hace famoso por ser padre y tener cara de un niño de 7. No sé. No me extraña que la OMS diga que para el 2020 la depresión será una de las principales causas de incapacidad en el mundo.

No quiero sonar pesimista, pero recuerdo que hace unos días me fui acostar con la sensación de que todo estaba mal, todas las noticias eran horribles, era una sensación de que el mundo entero estaba hecho un desastre. En ese momento Gonzalo miró mi cara de pena y me dijo “… no está todo mal, es solo que el mal es más escandaloso y hace más ruido que el bien que pasa desapercibido y no vende”. Es cierto, lo estoy comprobando día a día en mis ratos de televisión, es muy triste pero es así, las historias en las que predomina el "bien" no se venden, son aburridas, nada emocionantes y no tienen audiencia. Esto hace más necesario buscar nuestros buenos asideros, todas esas cosas que nos den fuerza y sirvan para sujetarnos y para no caer en esas estadísticas tan fatídica del 2020. Y hay que ir a la acción "vince in bonun malum" -como dice el lema de la UFV.

Lo cierto es que me gusta y me da paz el olor a incienso.
¡Gracias!

Hoy les quiero mandar un beso muy especial a mis queridos seguidores: Carlita, Padre José Luis, Annie, Vero, Patty, Mami, Made, Pilu, Cris, Flor, Sandri, Nathaly, Ingrid, Mary Ann, Ele, a mi Gonzalo y a todos mis lectores anónimos. Gracias por estar ahí y confiar en Milagros.

P.d.: http://www.youtube.com/watch?v=Mu5QPVD427o

miércoles, 25 de febrero de 2009

Empieza la cuaresma


Tiempo de recogimiento, meditación, de mirarnos hacia dentro y de buscar en silencio la conversión, nuestra conversión. Todos tenemos una mejor versión de nosotros y a veces sin querer la ocultamos, la empañamos o evitamos verla. Este es un buen momento para desprendernos de todo lo que nos pesa, de lo que no nos deja llegar a la meta, lo que nos amarga y nos debilita. Es un tiempo para acercarnos más al amor, con fuerza y sin miedo. La Madre Teresa decía “amar hasta que duela” y aún cuando duela hay que seguir amando. El mérito está en acercarnos más a quienes más nos cuesta, eso es lo difícil, saludar a quien me cae mal y tenderle uno mano al que me la quitó. Ahí está el quid de la cuestión. Perdonar y perdonarnos a nosotros –de verdad y de corazón-, dejando el cuaderno en blanco para empezar de nuevo. Es un buen momento para abrazar nuestra cruz, con la confianza que no estamos solos. Oración, limosna y penitencia. Preparación para llegar a la Pascua y vivir renovados el misterio de la “muerte y resurrección de Cristo”. Acompañar en estos 40 días a Jesús en el desierto, pedirle a Él que nos ayude vencer nuestras tentaciones, librarnos de nuestros vicios y ser mejores cada día.

Ayer terminé de leer el libro de “El regreso del hijo pródigo” (meditaciones ante un cuadro de Rembrandt) de Henri J.M. Nouwen, que me regaló mi amigo Chema hace un tiempo. Es una maravilla como el autor va analizando el cuadro de Rembrandt mientras se va identificando con cada uno de los personajes y hace que el lector se vea también ahí reflejado. En el hijo pecador que vuelve a casa con la cabeza baja consciente y arrepentido por todo el daño que hizo y se encuentra con un padre que lo recibe con todo el amor sin pedir explicaciones, abrazándole con el mayor cariño y haciéndole sentir amado, querido y con un lugar muy especial en casa. Por otro lado el hijo mayor, el que ha sido siempre fiel a su padre, que ha estado a su lado en las buenas y en las malas y sin embargo le traiciona la envidia por no soportar que el padre le haga una fiesta al hijo que lo abandonó y ha sido un gran pecador. Cuántas veces no hemos sido nosotros hermanos mayores, que juzgamos sin piedad, celosos de perder nuestro puesto, difíciles para perdonar con alegría y aceptar el arrepentimiento del otro. Es parte de la reflexión a la que nos lleva el autor, quien cierra con broche de oro al meditar sobre la figura del padre, que es fuente de amor y misericordia infinita, refugio inagotable de paz . La invitación que nos hace Nouwen es a ser padres, como el padre del hijo pródigo, que está lleno de bondad porque conoce el dolor, vive el perdón y se entrega con generosidad. Dolor, perdón y generosidad son las palabras claves que considera el autor esenciales para vivir como el "Padre del hijo pródigo". Me quedo sin palabras. Es muy bonito todo lo que se encierra en ese mensaje.

¡Feliz día!
Les dejo de regalo esta canción. http://www.youtube.com/watch?v=RnwZoIHrfAY&NR=1

martes, 24 de febrero de 2009

Extranjeros


El domingo en la noche vimos la película “Un franco, 14 pesetas” que pasaron en la tele. Es la historia de dos amigos españoles que deciden emigrar a Suiza en búsqueda de trabajo y progreso para sacar adelante a su familia. La película ayuda al espectador a ponerse rápidamente en los zapatos del inmigrante, a compartir todas esos momentos que se repitieron en la vida de tantos europeos hace más de 50 años -y que hoy se vuelven a repetir-. Desprenderse de su tierra, familia, amigos y llegar a otro país sin conocer el idioma, con otra culturas, nuevas costumbres y con la necesidad de buscar rápidamente el sustento para vivir. Es una historia que me toca personalmente, no solo porque yo también sea una extranjera, sino porque vengo de unos abuelos italianos que protagonizaron la misma película, cuando hace más de 54 años decidieron dejar “la bella Italia”-destruida por la guerra- y cruzar el atlántico en búsqueda de una vida mejor para su familia y sus hijos. Llegaron al sur de América, a la "piccolla Venezia", Venezuela. Para mi se merecen un gran respeto, fruto de la profunda admiración que siento hacia ellos.

Por eso quiero hacer un homenaje especial a todos esos extranjeros que han sido los grandes valientes de la historia, los que siguieron un sueño pensando en un mundo mejor para sus seres queridos, los que aprendieron a renunciar a todo y a luchar día a día por amor a la familia. Vencedores de la pereza, maestros en la pobreza, guerreros de la vida. Luchadores de espíritu, corazones abiertos al mundo, grandes herederos de otras tierras, tradiciones y costumbres.
Extranjeros, siempre extranjeros, es el peaje que se paga porque al salir de la tierra uno se convierte en siempre extranjero. Eso me decía mi nonno, cuando me animaba a quedarme en Venezuela, mientras me repetía con sentido de sobreprotección que “la vida del inmigrante es muy dura”. Hoy en día no se lo niego, pero no me arrepiento, porque es mucho lo que se gana cuando abrimos los límites de nuestras fronteras, cuando incorporamos con amor otras culturas, cuando descubrimos lo que se esconde detrás de la mirada que al principio nos ve con distancia y luego cariñosamente te extiende una mano. Manos que si se unen forman una maravillosa red, de diferentes colores y naciones, pero al final manos amigas y que en el fondo solo pueden ser manos hermanas.


Doy gracias a todos los que han hecho posible mi casa aquí en España. A mis nonnos queridos, que siempre serán un gran ejemplo. Los invito a todos a querer a los extranjeros que tenemos cerca, a echarles una mano, hacerles sentir que verdaderamente ¡están en su casa!.
Un beso muy grande.

viernes, 20 de febrero de 2009

Pataletas


Ayer y hoy están siendo días de “pataletas”, como hacen los niños pequeños cuando se lanzan al suelo llorando porque sus padres no les quieren comprar algo y se desesperan con ellos- pues yo me siento un poco así. Sé que estoy “grandecita” para tirarme al suelo –pero les aseguro que no me faltaron ganas ayer cuando mi Doctor en la consulta dejó caer entre dientes y con total naturalidad que me hiciera la idea de “2 ó 3 meses más de reposo”. En ese momento sentí como un balde de agua fría, lo que era 1 mes se estaba convirtiendo de la nada en 2 ó 3 meses. La sensación era como la del corredor que piensa que le queda muy poco para llegar a la meta y de pronto le dicen que son miles de kilómetros, mucho más de lo que su pobre mente se imaginaba y encima su cuerpo empieza a sentirse sin fuerzas. Siento decir esto, sé que no es justo, pero no puedo negar el sentimiento de frustración, es mi parte más humana la que habla, que se encuentra de pronto con el “Everest” delante y hay que subirlo. No sé. Pasa que empiezo a extrañar más todo lo que formaba parte de mi vida diaria… la UFV, mi trabajo, los alumnos, mis compañeros, los niñitos, las homilías del Padre Florencio, hacer planes, compartir con la gente, salir a correr, salir de fiesta con los amigos… y hacer más planes con mi Gonza. Mi mamá siempre ha dicho que "soy una pata caliente" por no poder estar ni un minuto tranquila, "siempre inventando"-como dice ella- esto es para que vean que la imagen del Everest es cierta.

Me siento como los que están ahí en el banquillo de los apartados, en “time out”. Elena, mi amiga consagrada, ayer me decía “si Dios te lo pone es porque puedes Adri…”. No sé si a veces Dios confía demasiado en nosotros. Igual es una locura lo que estoy diciendo porque soy la primera que me siento viviendo de un milagro y en deuda con la vida. Pero estos sentimientos son reales, humanos y me tomo el permiso de compartirlos con ustedes, mis queridos lectores. Se que el cansancio es necesario, porque luego gracias al descanso, podré retomar con más fuerza el paso. El otro día en la misa de Sara de Jesús, el Padre dio una homilía impresionante, muy bonita, fue un auténtico regalo haberlo escuchado y decía que era humano sentir el dolor y el desconcierto ante un perdida, que esos sentimientos también había que dejárselos en las manos de Jesús y que Él se encargaría de trabajar sobre ellos con todo su amor. Soy consciente de que Jesús no se merece una pataleta mía y más cuando veo todo lo que hay a mi alrededor, pero me da paz saber que me quiere con todo y mis pataletas. Eso es lo bonito. Ese es el amor.
Respiro profundo, pido fuerzas y más paciencia para descubrir con el mejor ánimo todo lo que se encierra detrás de este tiempo.
Gracias por acompañarme, los quiero mucho.